La hipótesis de Wittemberg-Briggs (relato del sábado 13 de febrero al viernes 19 de febrero)

Con un día de retraso (esto empieza a ser habitual, sigh) este es el reto:

Una historia que comienza por la frase: «Había muchas teorías sobre cómo fue asesinada».





LA HIPÓTESIS DE WITTEMBERG-BRIGGS

Había muchas teorías sobre cómo fue asesinada; tantas, que se escribieron dos manuales —uno para el cuerpo de policía y otro para el de fuerzas especiales—, y en las universidades comenzó a enseñarse la hipótesis de Wittemberg-Briggs (apellidos de la fallecida) de modo paralelo a la teoría de juegos.
El Cluedo dejó de ser la estrella de las comidas navideñas, y se creó el Witt-Bright, un juego de razonamiento donde aparecían todas las pruebas del caso, los sospechosos y sus móviles, y se jugaban partidas infinitas donde se puntuaban las deducciones más coherentes.
Criminología, Psicología y las oposiciones al cuerpo policial experimentaron un remonte que no se había conocido ni en la mejor época de las series «24 horas» o «CSI». También surgieron videntes y espiritistas que aseguraban haber recibido mensajes de la fallecida (para ellos no era la señora Wittemberg-Briggs, sino Cornelia, incluso Nelly, todo muy cercano), revelando detalles de su presunto asesino o asesina.
El furor del caso duró casi veinte años, y marcó el final de lo que fue mi infancia y adolescencia. Años después, todavía recuerdo cómo busqué refugio en los salones recreativos, donde aún podías encontrar al sempiterno Tetris, oír la música de fanfarria de las máquinas tragaperras y fumar a escondidas en el aseo sin que te acusaran de ser un candidato a Witty-Beast, la persona que supuestamente golpeó en la cara a la señora Cornelia, mi vecina, hasta hacerla perder el conocimiento y que esta cayese hacia atrás y muriese al golpearse la cabeza contra la encimera de la cocina.
No sé por qué no le dije a la policía la verdad aquella tarde que vinieron a interrogarme, quizá por mis diez años, por la timidez congénita que nunca me ha abandonado, y, más tarde, por el efecto bola de nieve que se formó. Estaban todos tan entretenidos en sus conjeturas... ¿cómo decirles que nadie asesinó a la buena de Cornelia, que ella misma se tropezó y magulló de ese modo terrible el rostro, y de la misma manera se cayó hacia atrás y murió accidentalmente?
En el fondo, las pruebas estaban ahí, pero nadie quiso verlas. Y un niño de diez años, testigo de un accidente casero, no es nadie frente al despliegue de ruido y furia de un mundo en caos.

Fui


Rojo para las tardes que destiñen
sobre la pradera.
Dos caballos salvajes buscan el aliento cálido
del otro.

Yo también.
Fui roja.
Fui caballo.
Fui salvaje.
Fui buscando tu cálido aliento.

Yo también fui.

Atracción (relato del sábado 6 de febrero al viernes 12 de febrero)

Y esta va... ¡con cinco días de retraso! Pero aquí está :)

Basada en el reto: una historia sobre un objeto que nadie puede evitar robar.





ATRACCIÓN

La observas despacio. Nunca te cupo duda de que llevaba tu nombre impreso. Hay un magnetismo soterrado en cada una de sus líneas. Quizá, si te alejas, puedas escapar de su campo de atracción. Pero, en realidad, no deseas huir. Tus ojos vagan por el establecimiento, tu cuerpo compone una pose de disimulo. Nadie conoce tus pensamientos, tu más íntima obsesión. Alargas la mano, apenas unos centímetros y será tuya. ¿Quién lo sabrá? Solo tú y tu conciencia. El deseo parece que hace latir la vena de tu frente. Podrías jurar que oyes el burbujeo de la sangre en los oídos, notas las pulsaciones cada vez más aceleradas. El mundo es de los decididos, te repites. Con un gesto casi tan antiguo como el mundo vuelves a meter las manos en los bolsillos, pero esta vez no están vacías. Aun queda el paripé frente al mostrador, mientras pagas el resto de artículos. Pero ya saboreas tu hurto: la chocolatina de avellana crujiente, que te susurra desde su escondite placeres inigualables en el paladar.

Evidente (relato del sábado 30 de enero al viernes 5 de febrero)

De nuevo con dos días de retraso...

Basada en el siguiente reto:

Alguien dice la verdad pero nadie le cree.



EVIDENTE

Yo se lo dije a sus hombres, inspector, pero no me hicieron caso, quizá porque me vieron sucia y fea. Qué culpa tengo yo si me interrogan cuando estoy en la faena, entre mis fogones. Pero la vieja Frances tiene ojos hasta en el cogote, vaya que sí, eso decía mi difunto padre que en paz descanse, y no se me escapa nada aunque suceda fuera de mis dominios. ¿No ve que me llegan los proveedores con sus cotilleos, las muchachas jóvenes que limpian la mansión, el ama de llaves para tomarse su té con mi aguardiente secreto? Y a ese estirado de Mason le tenía yo calado, vaya que sí. No tenía referencias de mayordomo, pero sí el porte de un dandy, y el señor tan contento de cómo le lucía en el comedor frente a los invitados, como si fuese un adorno más. Como si lo más importante no fuese la comida, que a todos se le gana por el estómago, ya se lo digo yo. Y luego desapareció el broche de diamantes de la señora, y venga a echar la culpa a la pobre doncella que la atendía, que la conozco desde su bautismo y jamás ha roto un plato. «Ha sido el mayordomo», les dije, «Vaya que sí, me apuesto mi paga de un año que ha sido Mason». ¿Y usted piensa que me creyeron? Nadie de la casa lo hizo, tampoco sus policías, pero es que no sabían como yo que ese Mason se iba llevando la plata de a poco para que no le pillaran, las cucharillas, los tenedores, los pequeños cubiertos. Y cada vez que los contaba faltaban más. Y era él, porque tenía la llave del armario de la plata. Ahí tiene su pista, sígala y a ver qué encuentra. Y que sepa que me he apostado mi paga y quiero mi recompensa, vaya que sí.