Evidente (relato del sábado 30 de enero al viernes 5 de febrero)

De nuevo con dos días de retraso...

Basada en el siguiente reto:

Alguien dice la verdad pero nadie le cree.



EVIDENTE

Yo se lo dije a sus hombres, inspector, pero no me hicieron caso, quizá porque me vieron sucia y fea. Qué culpa tengo yo si me interrogan cuando estoy en la faena, entre mis fogones. Pero la vieja Frances tiene ojos hasta en el cogote, vaya que sí, eso decía mi difunto padre que en paz descanse, y no se me escapa nada aunque suceda fuera de mis dominios. ¿No ve que me llegan los proveedores con sus cotilleos, las muchachas jóvenes que limpian la mansión, el ama de llaves para tomarse su té con mi aguardiente secreto? Y a ese estirado de Mason le tenía yo calado, vaya que sí. No tenía referencias de mayordomo, pero sí el porte de un dandy, y el señor tan contento de cómo le lucía en el comedor frente a los invitados, como si fuese un adorno más. Como si lo más importante no fuese la comida, que a todos se le gana por el estómago, ya se lo digo yo. Y luego desapareció el broche de diamantes de la señora, y venga a echar la culpa a la pobre doncella que la atendía, que la conozco desde su bautismo y jamás ha roto un plato. «Ha sido el mayordomo», les dije, «Vaya que sí, me apuesto mi paga de un año que ha sido Mason». ¿Y usted piensa que me creyeron? Nadie de la casa lo hizo, tampoco sus policías, pero es que no sabían como yo que ese Mason se iba llevando la plata de a poco para que no le pillaran, las cucharillas, los tenedores, los pequeños cubiertos. Y cada vez que los contaba faltaban más. Y era él, porque tenía la llave del armario de la plata. Ahí tiene su pista, sígala y a ver qué encuentra. Y que sepa que me he apostado mi paga y quiero mi recompensa, vaya que sí.

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