También tu nombre (relato semana del sábado 25 de junio al viernes 1 de julio)

Reto: poema de 14 versos máximo.

TAMBIÉN TU NOMBRE 




Lo más triste de todo,
es encontrarte repetida en cada muro,
una frase hecha, un trazo que la acompaña,
y el aire que camufla el eco vergonzoso.
El fuego es blanco cuando muere, la tarde es blanca.

La calle sonríe al niño que salta sobre los adoquines.
Un coche se detiene cerca,
pero nadie presta atención, es la hora blanca.
Las voces son ecos y, en un patio,
una película deja oír la melodía de fin,
sin anuncios que interrumpan la llegada de la apoteosis.

Una ventana se abre, se cuelan dos mariposas moribundas:
buscan el silencio y el polvo de una cómoda escondida,
en el exterior todo es blanco, también tu nombre.

El buscador de archisílabos (relato semana del sábado 6 de agosto al viernes 12 de agosto)

Reto: Una historia sobre un buscador de...

EL BUSCADOR DE ARCHISÍLABOS




Le conocían por Fran. Deambulaba por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras muy atento a sus cordones, como si se le fueran a desatar de un momento a otro. No obstante, siempre levantaba la cabeza en el momento adecuado para saludar a la gente. «Eh, cómo va eso, Migue», «Hasta luego, Lorena». No se le veía en la cafetería charlando con nadie pero todos lanzaban preguntas hacia la esquina donde se tomaba tranquilamente su cortado. «Qué opinas de eso, ¿eh, Fran?». Y él contestaba con frases breves, y bajaba de nuevo los ojos hacia su café o hacia el periódico, incapaz de superar su natural tímido. Le aceptaban porque era buena gente, pero le consideraban un poco «rarito».

En el ciberespacio las tornas eran otras. Se había hecho con una CPU que iba a gran velocidad y había contratado una conexión a Internet excelente. Repantingado en su sillón ergonómico, Fran se convertía en Archie, el buscador de archisílabos. Hostigaba sin piedad los foros de periodistas, lanzaba diatribas en pro de la excelencia del lenguaje, se lanzaba a la caza y captura de ejemplos que luego enviaba a los rotativos con burla y escarnio. Escribía largas cartas de opinión, manifiestos, y hasta un manual de correcto uso del español que colgó con licencia Creative Commons en su blog.

Un día sintió que por fin habían oído su voz: le ofrecieron ir a la radio a denunciar el abuso del lenguaje junto con un catedrático de la Complutense y el presidente de la Fundéu. Querían montar una mesa de debate y les interesaba una voz que representase a la juventud preocupada por la cultura. Les había gustado su blog y por eso le escribían.

Fran les propuso que le llamasen por teléfono pero ellos insistieron en que se presentase en persona. Archie quería ir, lo deseaba intensamente. Pero Fran se miró los cordones de los zapatos y acabó lanzando un hondo suspiro. Al fin y al cabo: ¿quién sabe lo que es un archisílabo?

Luchas (relato semana del sábado 21 de mayo al viernes 27 de mayo)

Reto: una historia que termine con esta frase: «y eran solo tres».


LUCHAS


Eran cuatro y observaban el cielo como si fuera a derramarse sobre sus cabezas de un momento a otro. La tormenta se anunciaba con disparos de cañón que hacían eco en el desfiladero. A duras penas conseguían calmar a sus monturas con un gesto tosco en el cuello de las bestias.
—¡No está lejos la cueva! ¡Ánimo!
El cabecilla era el único con voz capaz de hacerse oír por encima del infierno que se cernía. Sin embargo, aunque cabalgaban en fila india a paso lento con el despeñadero, más de un caballo hizo amago de tropezar, y eso les obligaba a frenar una y otra vez la marcha.
El aguacero les sorprendió a mitad de su destino, y el barro añadió otro elemento peligroso. Blasfemaron hasta quedarse sin fuerzas y entonces alguno se persignó, musitando el nombre de la mujer o de la novia. Solo el cabecilla permanecía en silencio, oteando cada risco en busca de la entrada del refugio. Llegaron al fin y se tumbaron en el suelo de la cueva.
Estaban empapados, hambrientos y doloridos. Llevaban tres días huyendo del ejército. Mesnier les había hablado de un paso seguro a través de las montañas, y lo habían seguido, aprovechando la tormenta. Nadie se abocaría a perseguirles con aquel temporal.
Mesnier, o el gabacho, como le apodaban sus compañeros, contempló a aquellos jóvenes. El mayor no alcanzaría los veinticinco años. Él casi había cumplido cuarenta. Era la segunda guerra que vivía y aún no sabía que llegaría a participar en otra más, aunque por motivos pacifistas.
Años más tarde, cuando ya había conducido por los Pirineos a muchos grupos de personas para que prosiguiesen la lucha de otro modo (ya no de modo incruento, sino con las palabras), recordaría vívidamente el paso de aquella primera vez: «todo aquel esfuerzo y eran solo tres».

Sobrevolando (relato semana del sábado 20 de agosto al viernes 26 de agosto)

Reto: una historia que contenga estas tres palabras: CHICO-ABROCHAR-LADRIDO.

SOBREVOLANDO





—Abrochése el cinturón, caballero. —Él abrió los ojos y vio a la azafata tocándole en el hombro. Se había quedado profundamente dormido en el lapso de unos minutos. Su compañero de la izquierda le ayudó a hacer lo que le indicaban y volvió a recostarse.

—Debe estar muy cansado —comentó la señora que viajaba sentada a su derecha, junto a la ventanilla—. Llevan un rato insistiéndole.

Él volvió a abrir los ojos y la observó. Sabía que, últimamente, sus miradas solían poner nerviosa a la gente y en esta ocasión no quedó decepcionado. La metomentodo volvió la cabeza hacia la ventanilla y cesó su parloteo.

Lo malo era que se le había esfumado el sueño y, aunque parpadeó varias veces, no logró volver a convocarlo. Hacía meses que no descansaba una noche seguida, desde lo del chico. Pese a que le explicaran lo normal del fenómeno, la cuestión era que ya no había vuelto a lograrlo. Si no dormía, no hacía borrado de memoria. Y si no olvidaba, no superaría jamás la muerte de su hijo.

Fue en el mes de agosto, en el apogeo del verano. Nico tenía tres años recién cumplidos. Habían preparado una fiesta con el resto de niños de la urbanización: globos, un payaso, piscina hinchable… De repente, el perro de ellos les volvió locos con sus ladridos y, sin previo aviso, atacó al pequeño. Le mordió la cabeza y costó la fuerza de dos adultos abrirle la mandíbula para sacar al pobre niño. Falleció dos días después a causa de las heridas. Dijeron que el perro se había puesto celoso a causa de la atención que ese día en especial había generado otro miembro de la familia.

Él no lo dudó en aquellos momentos. Fue a por la pistola que guardaba en el altillo del armario y, delante de todos los invitados, sacrificó a su mascota. Alguien —nunca supo quién— le denunció.

A su izquierda, contempla al policía que le custodia en su traslado a la cárcel, y que echa una cabezadita, confiado en las esposas que él lleva. Quizá, si consiguiera recordar la risa de su hijo, todo sería diferente; daría igual dormir en su casa vacía o en la prisión. Porque ya lo dijo el poeta:

Tu risa me hace libre
me pone alas.
Soledades me quita
cárcel me arranca.


Los hivernios (relato semana del sábado 30 de abril al viernes 6 de mayo)

Reto: relato género infantil en dos folios inspirado en una obra de Hans Cristian Andersen



Los hivernios
(Inspirado en el título «La reina de las nieves»)

Hace muchos siglos, cuando Laponia era un reino, hubo un monarca que se desposó con una princesa del sur. La nueva soberana se mostraba muy feliz porque adoraba el invierno, y allí era más largo que en su tierra natal. Por eso formuló su deseo infantil de que aquella estación no finalizase nunca. El Espíritu del Invierno, feliz con los halagos de aquella soberana, decidió ofrecer a la real pareja un peculiar regalo de bodas, y les envió a tres de sus más fieles colaboradores, los hivernios.

Los tres magos poseían poderes y nombres que se correspondían con su misión. Se llamaban Lluvia de Nieve, Soplo de Frío y Esquirla de Hielo, y manejaban esos tres elementos a voluntad. Los hivernios no tardaron en conseguir que el invierno se instalase en Laponia de modo perpetuo.

Al principio los súbditos lapones no lamentaron aquel cambio. Las fiestas y celebraciones navideñas se prolongaron hasta marzo, y hubo nevadas, ventiscas y heladas suficientes como para patinar en los lagos en pleno agosto. Pero al comenzar el segundo año, la situación se hizo intolerable. No se podían plantar cosechas, los árboles no daban fruto, y había que talar tantos troncos para mantener encendidas las chimeneas que los bosques comenzaron a peligrar.

Los reyes lapones, protegidos en su palacio, no se daban cuenta de aquellos inconvenientes y seguían alentando la magia de los hivernios. En el exterior crecía el descontento y pronto se murmuró contra los soberanos.

Fue una joven llamada Naska la que propuso una solución: había que secuestrar a aquellas criaturas, y para entrar en palacio fingirían ser la delegación de un reino inventado. Solicitarían a los monarcas lapones la ayuda de los hivernios para construir allí un Palacio de Hielo. Una vez que tuvieran en su poder a aquellos magos les conducirían hasta la isla y les abandonarían allí.

Con paciencia, fueron haciendo los preparativos durante semanas para la farsa. La fingida delegación llegó por fin una mañana hasta las puertas del palacio de los reyes de Laponia. Naska fue presentada como la princesa de la Isla de Aine, y los monarcas la recibieron en audiencia, avergonzados de no conocer aquel lugar del que procedía tan lujosa delegación. La princesa hizo su petición a la pareja real y los soberanos se mostraron encantados de poder estrechar lazos de aquel modo, cediéndoles durante un tiempo a aquellos magos.

Todo iba saliendo según lo planeado, pero cuando ya se encontraban con los hivernios  a media jornada de su destino, estos comenzaron a recelar una trampa. Temerosos de su magia, Naska y sus compañeros les confesaron la verdad. La reacción de los hivernios, después del enojo inicial, fue más amigable de lo que esperaban. Ellos estaban hartos de provocar ventiscas y nevadas para los reyes de Laponia, y les pareció una buena oportunidad comenzar una nueva vida en aquella isla, donde podrían usar sus poderes de forma artística.

Así que los hivernios se establecieron en la isla de Aine y cubrieron pronto de nieve y hielo aquel lugar. Pero también llevaron a cabo muchas otras maravillas que aún hoy se visitan, como el Palacio de Hielo. Naska y otros más se exiliaron allí, eludiendo el enfado de los reyes lapones. Esquirla de Hielo se casó con Naska y fueron los primeros reyes de la Tierra del Hielo, que es como se ha conocido desde entonces a la isla de Aine: Iceland, o Islandia en nuestra adaptación lingüística.

Y Laponia volvió a tener sus largos inviernos, aunque nunca más eternos.

Amor de calibre (relato semana del sábado 23 de abril al viernes 29 de abril)

Reto: Una historia que contenga las palabras: CALIBRE-ELEGIR-TEXTO.

Amor de calibre (*)

Ella se enamoró por la exactitud milimétrica que él ejercía al corregir sus textos; los párrafos no guardaban la debida longitud, le decía, o bien el relato carecía de profundidad, o las palabras se espesaban y entorpecían el ritmo. Él, por su parte, se enamoró de ella por la forma en que le brillaban los ojos ante cada revisión.

El día en que ella escribió el relato perfecto, ambos alzaron la mirada ante el folio sin mácula, y se vieron por primera vez. Ahí finalizó su amor.

-----------------------------------------------------------
(*) Un calibre —además de significar «importancia o clase», entre otras acepciones— es un instrumento de medición de longitudes, como diámetros, espesores y profundidades.

El anónimo (relato semana del viernes 16 de abril al sábado 22 de abril)

Reto: Una historia narrada en segunda persona.

EL ANÓNIMO


Una mañana de sábado recibes un anónimo. En realidad, tampoco sabes con certeza que pueda estar dirigido a ti (habla de una mujer que no conoces, de una ciudad que no has visitado, de una tarde de abril que no recuerdas), pero lo han dejado en tu buzón. El sobre del anónimo no tiene remitente ni destinatario. Dentro hay una octavilla donde han formado el mensaje con palabras recortadas de una revista. Son solo cinco líneas. Memorizas las frases. Intentas buscar posibles anagramas. Lo pones sobre el cristal de la ventana y te imaginas como un inspector de policía, quizá Colombo. Decides ir al quiosco a comprar unas revistas para comparar las letras, y dedicas el resto del día a esa tarea.

Cuando llega la noche, tomas una resolución. Sales de la casa con el sobre en la mano. Te diriges a los buzones comunes y lees los nombres de los vecinos. El del quinto izquierda es un viudo jubilado como tú. Y metes dentro el anónimo sin una sombra de remordimiento. Ahora ya puedes ir a acostarte.

Calvos, S.A. (relato semana del viernes 9 de abril al sábado 15 de abril)

Reto: Una historia donde aparezca algún elemento de ciencia ficción.

Calvos, S.A.



El diagnóstico es unánime; después de visitar siete especialistas, coinciden en afirmar que tu pelo se mantendrá firmemente arraigado a tu cuero cabelludo. No conocerás la palabra alopecia, ni calvicie. Nadie podrá ver relumbrar tu cabeza pelada. Quizás algunas entradas, te dicen unos, palmeándote los hombros. Puede que se inicie un proceso de decalvación en algunas zonas, indican los más optimistas, para a continuación contener su entusiasmo y susurrarte: «ningún calvatrueno, por supuesto, eso no lo espere, tiene usted un pelo demasiado grueso y fuerte».
Sí, es terrible, coinciden todos cuando te desahogas acerca de tus expectativas de futuro. En efecto, piensas, ellos saben que no tienes cabida en la sociedad de mediados del siglo XXI, monopolizada por la empresa Calvos S.A. En un mundo donde el estrés y la ansiedad convierte en pelones a los niños de siete años, eres un paria.
Tienes treinta años y sigues con pelo. Estás harto de usar la rasuradora para ocultar «tu diferencia». Sabes que debes hacer algo tan límite como la muerte: mañana, sin falta, buscarás a los otros que son como tú y emprenderás la Resistencia.

Los comienzos nunca fueron fáciles (relato semana del viernes 2 de abril al sábado 8 de abril)

Reto: Una historia que suceda en un jardín de infancia.

LOS COMIENZOS NUNCA FUERON FÁCILES


—Es la tercera cuidadora en un mes.
—Los niños vuelven llorando un día sí, y otro también.
—Mi bebé es alérgico a la leche de mamut.
—No deberíais dejarles jugar con hojas de sílex. ¿Quién les tiene que curar luego, eh?
Las quejas iban subiendo de tono hasta que Momma estalló. No había tenido hijos con su pareja, y le había parecido un buen modo de emplear el tiempo y obtener pieles. Pero aguantar gritos era otra cosa.
Echó a todos de su cueva y les devolvió sus pagos. Ya volverían a rogarle. Era una ocupación demasiado novedosa, y nadie dijo que los comienzos fueran fáciles.

Lágrimas (relato del sábado 26 de marzo al viernes 1 de abril)

Reto: Una historia donde alguien tienda a llorar por todo lo que le sucede.



LÁGRIMAS

—Estoy tan feliz, ¡tanto! —Áurea sacó de su manga derecha un pañuelo bordado de color violeta y se sonó con estruendo la nariz.
—Sí, pero... —El abogado no comprendía en absoluto. Acababa de anunciar a su clienta de toda la vida que era la única beneficiaria de las rentas de su tía, una bonita suma que la dejaba en una posición desahogada... y ahí la tenía, sollozando de nuevo, como siempre, solo que él estaba acostumbrado a que fuera por motivos más penosos: la muerte de sus padres, el embargo de la casa.
—Pero mujer, ¿quiere dejar de llorar de una santa vez?
La aludida levantó el rostro un instante y asomó un ojo por detrás del encaje violeta.
—¿Quién, yo?
—Áurea, ya va siendo usted mayorcita para no saber controlar sus emociones.
Ella respingó.
—Cuarenta y siete, si me perdona, y no es de su incumbencia. Llorar me relaja, abre los pulmones y libera estresores.
—Déjese de pamplinas. Lo único que hace es provocarle arrugas y ponerla colorada como un tomate.
La mujer, en efecto, enrojeció aún más ante este comentario.
—No puedo evitar llorar.
—Sí puede, lleva dos minutos sin gimotear. Solo debe pensar en cosas felices, En lo que hará con ese dinero. En las cosas bonitas que se comprará.
Áurea estalló en un nuevo acceso de lágrimas.
—¡Con lo coqueta que era mi tía!
—Bueno, pues... ¡piense en viajes! —improvisó el abogado.
—¡Mi tía estaba en cama desde hace muchísimos años! —Lloró aún más fuerte.
—¡Búsquese una pareja! ¡Alguien que la comprenda y la acepte como es!
Ambos se quedaron en silencio unos instantes. La pregunta en el aire estaba cristalina.
—Nunca he soportado las lágrimas —confesó él.
—Creo que podré hacer un esfuerzo.

Nana de los no-muertos (relato del sábado 19 de marzo al viernes 25 de marzo)

Reto: Un poema que contenga las siguientes palabras: LUNA-NARANJA-SOL-CUCHILLO-ALBA-
CANCIÓN




Nana de los no-muertos

Esta es la nana de los nuestros
la canción de los no-muertos.
Duerme, porque el alba llega,
y se acerca el sol naranja
con sus cuchillos de fuego
para sembrar cenizas, polvo y duelo.

Solo la luna amarilla
nos cobija.

Montaje (relato del sábado 12 de marzo al viernes 18 de marzo)

Reto: Una historia de un turista que llega a un pueblo dispuesto a visitar algo que no existe (pero él no lo sabe).


Montaje

Regina y Sabrina se habían empeñado con todas sus fuerzas. Y unas gemelas unidas en un frente común eran algo difícil de resistir. Así que él se había visto obligado a cubrir el festival de «saxo-rock» que se celebraba por vez primera en la localidad de Neila.
Las pelirrojas le habían enseñado el recorte de prensa, la web, el video promocional, y le habían alabado las virtudes de la zona.
—¡Cómo te vas a divertir! Iríamos nosotras pero estamos liadísimas con la gira de Maná por España.
Luis había fruncido el ceño pero había cogido las llaves de la moto y había enfilado hacia Burgos sin discutir más con sus compañeras y socias.
Lo que nunca hubiera sospechado es que nadie tuviese la más remota idea de lo que era el «saxo-rock». Y, encima, la predicción meteorológica estaba prometiendo nieves en aquel pueblecito perdido en la montaña.
Tanto montaje por parte de las gemelas, ¿para qué? ¿Qué pensaban hacer en su ausencia? ¿Vender la agencia de medios? No se atreverían a falsificar su firma...
Cuando cayó la nevada le costó menos esfuerzo del que pensaba encontrar a alguien con una motonieve que le acercase a la capital. Desde allí, el AVE le llevó a la capital en un santiamén.
Era de noche, pero se veían luces en la agencia. Luis subió en el ascensor y abrió la puerta con la mejor patada ninja que pudo ensayar.
Le recibió un coro de globos y risas liderado por las dos pelirrojas.
—¡Feliz primer aniversario de trabajo! ¡Inocente, que eres un inocente!

What's up? (relato del sábado 5 de marzo al viernes 11 de marzo)

Reto de la agenda: Una historia que suceda a través de mensajes de texto.



WHAT'S UP?

8.25
Carlos: Hola. Café? (emoticon taza café) (emoticon beso)
Paloma: Imposible. Atasco de trabajo. Luego te veo (emoticon beso)

13.30
Carlos: Hola. Comemos? (emoticon pollo asado) (emoticon beso)
Paloma: Perdona! Reunión última hora (emoticon carita agobiada) (emoticon beso)

18.17
Carlos: Hola. Sigues viva? Llamo al 7 Caballería? (emoticon carita guiñando ojo)

19.30
Carlos: Hola. Estoy con Paula en el Herminio's. Te vienes?
Paloma: Conozco a Paula?
Carlos: No creo (emoticon carita guiñando ojo) Yo la acabo de conocer, me ha visto tan aburrido... (emoticon carita de demonio)
Paloma: Bueno, ahora voy (emoticon beso)
Carlos: No hay prisa, estoy en buena compañía... (emoticon carita de demonio) (emoticon carita de demonio)
[Envío de archivo de imagen de Carlos y Paula]

20.00
Paloma: Dónde estás? Estoy en el Herminio's y no te veo...

20.05
Paloma: Carlos? Hola?

[Teléfono de Paloma desconectado; no se pueden recibir llamadas ni enviar mensajes]





El amante cometa (relato del sábado 27 de febrero al viernes 4 de marzo)

Basado en el reto-concurso de Gustavo Adolfo Bécquer: una historia protagonizada por una bruja.

Y, en realidad, he reescrito un microrrelato de hace seis años, publicado en este mismo blog, que me encantaba y que venía «a cuento».


El amante cometa

Los aldeanos me llamaban la bruja hilandera por mi habilidad para tejer con cualquier material. Me admiraban tanto como me temían, por lo que preferí aislarme en un claro del bosque, alejada de ellos.

El camino hasta mi refugio lo recorrió un joven hechicero, atraído por mi fama. Me confesó que, un mes atrás, había desposado a la fuerza a una joven campesina. La amaba sinceramente pero la novia nunca le correspondió: se arrojó por la ventana en la noche de bodas.

Sin embargo, la chica no se libró del brujo. Este había conjurado un hilo mágico que unía el alma de su esposa al dedo anular de él, así que la caída desde la torre solo destrozó el cuerpo. El espectro de la joven, una versión demacrada de su dueña y ligera como el humo, permaneció atada a su marido. Y ahí entraba yo.

«Necesito que prepares una colección de vestidos a mi esposa», pidió el hechicero. «Livianos, que no la abrumen con su peso». Contemplé los bellos ojos azules del brujo y dije que lo haría, con la condición de trasladar mi telar a su castillo. Tejí durante toda una estación, usando hilo de telaraña, suspiros de doncella y rayos de luna.

Aprovechando un momento en que le probaba los vestidos al espíritu de la joven, corté con mis tijeras de punta de diamante el hilo que la mantenía sujeta al hechicero. Luego lo enrollé en mi dedo anular. El fantasma de la novia desapareció para reunirse con el cuerpo. Y al brujo, por su parte, le tuve atado a mí durante semanas hasta que finalmente pereció de hambre y solo quedó su espectro.

Me encanta salir a pasear en los días de viento y que la gente admire volar, sujeto a mi dedo, a mi hermoso amante cometa.

Silvia (relato del domingo 20 de febrero al sábado 26 de febrero)

Reto de la agenda: Una historia sobre alguien que tiene una gran colección de plantas en macetas.





Silvia


Silvia no es una ciudad cualquiera. La he visto nacer en mi terraza, e irse expandiendo con cada maceta que iba añadiendo a la no pequeña colección. Nunca he podido observar a sus habitantes, pero sí sus delicadas obras de ingeniería vegetal: las diminutas escaleras trenzadas con hojas, los pórticos enramados, incluso algunas huellas que la lupa me permite adivinar. Intuyo que se alimentan de savia y néctar de flores, así que he procurado hacerme con especies que les proporcionen una dieta variada. Si veo que no tienden puentes hacia esa maceta, discretamente la retiro.

Hoy es el día en que deberé abandonar mi piso y la ciudad de Silvia. He intentado explicarles a los del banco que deben cuidar a las plantas, que hay vidas que dependen de ellos, pero no me han escuchado. El sol de marzo está haciendo abrir las flores. Quizá, hoy por fin, alguno de sus habitantes se asome; sería todo un regalo de despedida.

La hipótesis de Wittemberg-Briggs (relato del sábado 13 de febrero al viernes 19 de febrero)

Con un día de retraso (esto empieza a ser habitual, sigh) este es el reto:

Una historia que comienza por la frase: «Había muchas teorías sobre cómo fue asesinada».





LA HIPÓTESIS DE WITTEMBERG-BRIGGS

Había muchas teorías sobre cómo fue asesinada; tantas, que se escribieron dos manuales —uno para el cuerpo de policía y otro para el de fuerzas especiales—, y en las universidades comenzó a enseñarse la hipótesis de Wittemberg-Briggs (apellidos de la fallecida) de modo paralelo a la teoría de juegos.
El Cluedo dejó de ser la estrella de las comidas navideñas, y se creó el Witt-Bright, un juego de razonamiento donde aparecían todas las pruebas del caso, los sospechosos y sus móviles, y se jugaban partidas infinitas donde se puntuaban las deducciones más coherentes.
Criminología, Psicología y las oposiciones al cuerpo policial experimentaron un remonte que no se había conocido ni en la mejor época de las series «24 horas» o «CSI». También surgieron videntes y espiritistas que aseguraban haber recibido mensajes de la fallecida (para ellos no era la señora Wittemberg-Briggs, sino Cornelia, incluso Nelly, todo muy cercano), revelando detalles de su presunto asesino o asesina.
El furor del caso duró casi veinte años, y marcó el final de lo que fue mi infancia y adolescencia. Años después, todavía recuerdo cómo busqué refugio en los salones recreativos, donde aún podías encontrar al sempiterno Tetris, oír la música de fanfarria de las máquinas tragaperras y fumar a escondidas en el aseo sin que te acusaran de ser un candidato a Witty-Beast, la persona que supuestamente golpeó en la cara a la señora Cornelia, mi vecina, hasta hacerla perder el conocimiento y que esta cayese hacia atrás y muriese al golpearse la cabeza contra la encimera de la cocina.
No sé por qué no le dije a la policía la verdad aquella tarde que vinieron a interrogarme, quizá por mis diez años, por la timidez congénita que nunca me ha abandonado, y, más tarde, por el efecto bola de nieve que se formó. Estaban todos tan entretenidos en sus conjeturas... ¿cómo decirles que nadie asesinó a la buena de Cornelia, que ella misma se tropezó y magulló de ese modo terrible el rostro, y de la misma manera se cayó hacia atrás y murió accidentalmente?
En el fondo, las pruebas estaban ahí, pero nadie quiso verlas. Y un niño de diez años, testigo de un accidente casero, no es nadie frente al despliegue de ruido y furia de un mundo en caos.

Fui


Rojo para las tardes que destiñen
sobre la pradera.
Dos caballos salvajes buscan el aliento cálido
del otro.

Yo también.
Fui roja.
Fui caballo.
Fui salvaje.
Fui buscando tu cálido aliento.

Yo también fui.

Atracción (relato del sábado 6 de febrero al viernes 12 de febrero)

Y esta va... ¡con cinco días de retraso! Pero aquí está :)

Basada en el reto: una historia sobre un objeto que nadie puede evitar robar.





ATRACCIÓN

La observas despacio. Nunca te cupo duda de que llevaba tu nombre impreso. Hay un magnetismo soterrado en cada una de sus líneas. Quizá, si te alejas, puedas escapar de su campo de atracción. Pero, en realidad, no deseas huir. Tus ojos vagan por el establecimiento, tu cuerpo compone una pose de disimulo. Nadie conoce tus pensamientos, tu más íntima obsesión. Alargas la mano, apenas unos centímetros y será tuya. ¿Quién lo sabrá? Solo tú y tu conciencia. El deseo parece que hace latir la vena de tu frente. Podrías jurar que oyes el burbujeo de la sangre en los oídos, notas las pulsaciones cada vez más aceleradas. El mundo es de los decididos, te repites. Con un gesto casi tan antiguo como el mundo vuelves a meter las manos en los bolsillos, pero esta vez no están vacías. Aun queda el paripé frente al mostrador, mientras pagas el resto de artículos. Pero ya saboreas tu hurto: la chocolatina de avellana crujiente, que te susurra desde su escondite placeres inigualables en el paladar.

Evidente (relato del sábado 30 de enero al viernes 5 de febrero)

De nuevo con dos días de retraso...

Basada en el siguiente reto:

Alguien dice la verdad pero nadie le cree.



EVIDENTE

Yo se lo dije a sus hombres, inspector, pero no me hicieron caso, quizá porque me vieron sucia y fea. Qué culpa tengo yo si me interrogan cuando estoy en la faena, entre mis fogones. Pero la vieja Frances tiene ojos hasta en el cogote, vaya que sí, eso decía mi difunto padre que en paz descanse, y no se me escapa nada aunque suceda fuera de mis dominios. ¿No ve que me llegan los proveedores con sus cotilleos, las muchachas jóvenes que limpian la mansión, el ama de llaves para tomarse su té con mi aguardiente secreto? Y a ese estirado de Mason le tenía yo calado, vaya que sí. No tenía referencias de mayordomo, pero sí el porte de un dandy, y el señor tan contento de cómo le lucía en el comedor frente a los invitados, como si fuese un adorno más. Como si lo más importante no fuese la comida, que a todos se le gana por el estómago, ya se lo digo yo. Y luego desapareció el broche de diamantes de la señora, y venga a echar la culpa a la pobre doncella que la atendía, que la conozco desde su bautismo y jamás ha roto un plato. «Ha sido el mayordomo», les dije, «Vaya que sí, me apuesto mi paga de un año que ha sido Mason». ¿Y usted piensa que me creyeron? Nadie de la casa lo hizo, tampoco sus policías, pero es que no sabían como yo que ese Mason se iba llevando la plata de a poco para que no le pillaran, las cucharillas, los tenedores, los pequeños cubiertos. Y cada vez que los contaba faltaban más. Y era él, porque tenía la llave del armario de la plata. Ahí tiene su pista, sígala y a ver qué encuentra. Y que sepa que me he apostado mi paga y quiero mi recompensa, vaya que sí.

Almeh (relato del sábado 23 de enero al viernes 29 de enero)

Basado en el siguiente reto:

Una historia donde alguien recibe una propuesta de matrimonio.



ALMEH

El joven cruzó siete puentes, trepó a siete murallas y escaló las siete torres de la ciudad de Almeh. Fue en esta última donde encontró, por fin, a su soberana.

Se decía de esta peculiar reina que amaba tanto el saber que vivía enclaustrada con su biblioteca infinita. El joven pudo comprobar, para alimento de las leyendas, que hasta el trono se había fabricado a base de libros. «Al menos», pensó el joven, que no era otro que el heredero del reino lindante, «es hermosa».

-Has cruzado la ciudad entera de Almeh para venir a verme, ¿qué deseas? -le recibió ella.
-Unir nuestros reinos mediante nuestra unión.

No tuvo tiempo el infante de defender su causa; la joven reina le expulsó por «redundancia viciosa» y él se consoló pensando en la chifladura de ella: ¿acaso tenía culpa de que todo estuviese repetido siete veces?

Rehén (relato del sábado 16 de enero al viernes 22 de enero)

Publicado con dos días de retraso, pero allá va.

Reto: una historia que comienza en una prisión.

Rehén

Cuando Elena abrió los ojos, supo que no estaba en su dormitorio. Aquella pared era amarilla y no tenía cuadros -ella había escogido con mucho cuidado la tonalidad azul hielo y había colgado dos copias de Klimt-. Además, estaba tumbada en una superficie muy dura, bastante más que su colchón viscoelástico, y no la tapaba ningún cobertor.

Se incorporó con lentitud deliberada. El cuarto era más pequeño de lo que había creído. Casi lo podría calificar de zulo. El flujo de la adrenalina, disparado por el miedo, terminó de espantar su abotargamiento. ¿Por qué estaba allí?

-Buenos días, señora Lennox.

La voz en off resonó por todo el espacio, haciéndole imposible localizar el origen del sonido. Solo un dato le penetró el cerebro. Ese no era su nombre. Era un malentendido. La habían confundido con otra persona. 
- Yo no me llam...
Señora Lennox, no está autorizada a hablar.

La sorpresa la calló. Una sensación hormigueante comenzó a circular por sus brazos y piernas. Comprendió que se estaba estremeciendo de pánico. Se abrazó a sí misma para darse fuerzas.

-Señora Lennox, estas son las reglas. Se le procurará alimentación suficiente tres veces al día, y ropa para cambiarse una vez a la semana, así como un lector digital para su entretenimiento. Este habitáculo comunica con un aseo con ducha. No le está permitido salir bajo ningún concepto ni comunicarse con el exterior. El único momento en que eso sucederá será cuando su hijo, Andy Lennox, gane la partida. Hasta entonces, usted se considera una rehén.

En ese momento, ella parpadeó, comprendiéndolo todo. Andrés, su hijo de ocho años, pidiendo los SIMS Edición 125, al cual te podías conectar con cables y vivir auténticas experiencias virtuales. Había jugado en la casa de sus amigos y quería ser como los demás. Ella se negó. Pero parecía que su hijito había encontrado el modo de traer el juego a casa.

Levantó la mano con timidez, como si estuviera en una clase de parvulario.
-Esta bien, señora Lennox, puede hacer una pregunta.
-¿Qué sucederá si Andr.., si el señor Andy Lennox pierde la partida?

La voz en off tardó en responder, como si sus circuitos no estuviesen preparados para la respuesta.
-SIMS 125 ofrece experiencias virtuales de alto riesgo y emoción. 
No dijo más y Elena volvió a tumbarse en aquella cama, rogando por una vez que su hijo fuese realmente bueno en aquel juego. 

Nana del avaro (relato del sábado 9 de enero al viernes 15 de enero)

Reto: Una historia que incluya las siguientes palabras de esta tirada del Rory’s Story Cubes (a tu interpretación). Interpreté: ábaco-Egipto-dormir.







Nana del avaro
Todas las noches se dormía contando la recaudación del quiosco, haciendo torres con las monedas y fajos con los billetes. No se fiaba de esos artefactos que funcionaban con pilas; él prefería usar un ábaco de madera, obsequio de un primo lejano que había estado en Egipto. Las bolas eran de color marfil y, al entrechocarse unas con otras, producían un tintineo casi musical. Su mujer se asomaba, preocupada, cuando veía que daban las dos de la madrugada y él no venía a la habitación. «Te ha hechizado esa cosa», le decía. «Te tiene envidia», le susurraba él a su ábaco, mientras por fin entraba en el reino de Morfeo. Los brazos que habían abarcado las monedas terminaban por caer, flácidos, dejando escapar las monedas que caían, arrullándole, con su tintineo casi musical.

En la otra orilla (relato del sábado 2 de enero al viernes 8 de enero)

Reto: Una historia que incluya las palabras marea-laúd-nariz.


En la otra orilla

La portada del álbum mostraba a una cantante de pelo rubio casi blanco, probablemente danesa o islandesa. Podría haber sido guapa si no fuera por su nariz. Dominaba su rostro como una bandera pirata ondeando en el mástil, diciendo: «Ey, aquí estoy. No puedes ignorarme». Las curiosidades de la portada no terminaban ahí. La chica tocaba un instrumento que yo creía desaparecido. Tuve que confirmar en la contraportada que se trataba de un laúd y no de un ukelele, o una guitarra muy pequeña. Sostenía el instrumentos en su regazo y se inclinaba sobre él casi bizqueando los ojos (por efecto de su gran nariz, imagino). Su cabello rubísimo le caía como una cortina sobre unas manos pequeñas que sobresalían de la cazadora vaquera, y pulsaban las cuerdas. La foto estaba tomada en una playa de luz mortecina, la chica sentada en una silla que se hundía en la arena mientras las olas rompían a su espalda. El agua sumergía las botas de la chica por efecto del reflujo de la marea y empapaba el borde de su falda hippie. «En la otra orilla», era el título del álbum.

Creo que estuve contemplando mi buena media hora aquella portada antes de que el dependiente agotase su paciencia y me dijese si iba a comprarlo («Tío, te lo llevas o no»). Sacudí la cabeza, negando, y salí. Una vez fuera contemplé, con tristeza, mi reflejo en el escaparate. El pelo rubio albino estaba alborotado y mi generoso apéndice nasal comenzaba a enrojecer con el frío de enero. La cincha con la que sujetaba el estuche de mi laúd me apretaba después de tantas horas de cargarlo a la espalda. Seguía sin encontrar profesor para aprender a tocarlo, pese a haber recorrido todas las tiendas de discos e instrumentos de la ciudad. Y ahí estaba la última coincidencia, el agua. Se había puesto a llover muy temprano, aunque no tanto como para formar charcos donde mis botas se mojasen como las de ella. Estaba claro: tendría que buscar otras mareas.