La chica que soplaba dientes de león



Verano, cielo, azul, calor, gavillas, heno, promesa, piel, dientes de león, pelusa que la brisa se lleva junto con las palabras de amor.

En el país de mis sueños

En el país de mis sueños,
las jóvenes como tú
regalan besos de espino.
Y tiñen vestidos de novia
con los corazones partidos.

En el país de mis sueños,
serías la reina que quiso
danzar con el carbonero,
y encerró al rey en la torre
después de tiznarlo entero.

En el país de mis sueños,
no hay caballeros felices,
ni princesas inocentes,
no se jura amor eterno,
no se ama hasta la muerte.

Y me gusta soñarlo así,
porque en ese lugar no existes
y puedo, infeliz y reo,
odiar a todas las mujeres,
olvidar cuánto te quiero.

Lo supe

Supe que me mentías: tus ojos.
Supe que me engañabas: tus manos.
Supe que había otra: tus labios.
Pero tu corazón supo latir al compás del mío, 
cada vez más despacio, 
cuando ambos bebimos el destino
[siempre juntos]
que preparé para ambos.

Crédulos



La vida se asomaba bajo sus pestañas postizas. Él creyó en esa promesa muda. Juntos descubrieron que se puede vivir felizmente engañados: sólo tuvieron que amordazar a la verdad y meterla en un cajón, debajo del talonario.

Tres es multitud


Siempre fuimos tres: Esther, tú y yo. Todo el mundo lo supo, ya desde el día de nuestra boda. Cuando me pusiste el anillo en el dedo, me miraron a mí, la novia, sí, pero también a Esther. Al alumbrar a nuestros hijos, ella también recibió las felicitaciones, como si hubiese sufrido los dolores del paritorio. Con el tiempo, consiguió hasta una habitación en nuestro piso. Todo lo he tolerado por nuestro matrimonio.

Pero hasta tu madre está de acuerdo conmigo en esto: o te deshaces de esa cacatúa que pomposamente bautizaste con nombre de mujer o le corto las cuerdas vocales. Yo estaré gorda, pero al menos no tengo unas antiestéticas plumas rojas y verdes.