El pequeño teatro del mundo


El viejo encendió el televisor con el sonido a todo volumen y abrió la ventana. Iba vestido sólo con una camiseta interior sin mangas, bastante sudada, y unos pantalones. Llevaba rasurada la cabeza pero, en contraste, la barba blanquigris le cubría la boca por completo. Se asomó al exterior, acodándose en el poyete de la ventana mientras echaba unas caladas con parsimonia. Hizo un par de comentarios obscenos a unas adolescentes que iban por la calle y que le respondieron con insultos. Él se rio y dos vecinas se asomaron un instante para mirarle. El viejo giró la cabeza hacia el interior e increpó a voces a su mujer, pidiendo que bajara el volumen de la tele. Las vecinas volvieron a meterse dentro de sus casas. Cuando terminó de fumar el cigarrillo, el viejo las imitó, cerró la ventana y apagó la televisión.

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