También tu nombre (relato semana del sábado 25 de junio al viernes 1 de julio)

Reto: poema de 14 versos máximo.

TAMBIÉN TU NOMBRE 




Lo más triste de todo,
es encontrarte repetida en cada muro,
una frase hecha, un trazo que la acompaña,
y el aire que camufla el eco vergonzoso.
El fuego es blanco cuando muere, la tarde es blanca.

La calle sonríe al niño que salta sobre los adoquines.
Un coche se detiene cerca,
pero nadie presta atención, es la hora blanca.
Las voces son ecos y, en un patio,
una película deja oír la melodía de fin,
sin anuncios que interrumpan la llegada de la apoteosis.

Una ventana se abre, se cuelan dos mariposas moribundas:
buscan el silencio y el polvo de una cómoda escondida,
en el exterior todo es blanco, también tu nombre.

El buscador de archisílabos (relato semana del sábado 6 de agosto al viernes 12 de agosto)

Reto: Una historia sobre un buscador de...

EL BUSCADOR DE ARCHISÍLABOS




Le conocían por Fran. Deambulaba por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras muy atento a sus cordones, como si se le fueran a desatar de un momento a otro. No obstante, siempre levantaba la cabeza en el momento adecuado para saludar a la gente. «Eh, cómo va eso, Migue», «Hasta luego, Lorena». No se le veía en la cafetería charlando con nadie pero todos lanzaban preguntas hacia la esquina donde se tomaba tranquilamente su cortado. «Qué opinas de eso, ¿eh, Fran?». Y él contestaba con frases breves, y bajaba de nuevo los ojos hacia su café o hacia el periódico, incapaz de superar su natural tímido. Le aceptaban porque era buena gente, pero le consideraban un poco «rarito».

En el ciberespacio las tornas eran otras. Se había hecho con una CPU que iba a gran velocidad y había contratado una conexión a Internet excelente. Repantingado en su sillón ergonómico, Fran se convertía en Archie, el buscador de archisílabos. Hostigaba sin piedad los foros de periodistas, lanzaba diatribas en pro de la excelencia del lenguaje, se lanzaba a la caza y captura de ejemplos que luego enviaba a los rotativos con burla y escarnio. Escribía largas cartas de opinión, manifiestos, y hasta un manual de correcto uso del español que colgó con licencia Creative Commons en su blog.

Un día sintió que por fin habían oído su voz: le ofrecieron ir a la radio a denunciar el abuso del lenguaje junto con un catedrático de la Complutense y el presidente de la Fundéu. Querían montar una mesa de debate y les interesaba una voz que representase a la juventud preocupada por la cultura. Les había gustado su blog y por eso le escribían.

Fran les propuso que le llamasen por teléfono pero ellos insistieron en que se presentase en persona. Archie quería ir, lo deseaba intensamente. Pero Fran se miró los cordones de los zapatos y acabó lanzando un hondo suspiro. Al fin y al cabo: ¿quién sabe lo que es un archisílabo?

Luchas (relato semana del sábado 21 de mayo al viernes 27 de mayo)

Reto: una historia que termine con esta frase: «y eran solo tres».


LUCHAS


Eran cuatro y observaban el cielo como si fuera a derramarse sobre sus cabezas de un momento a otro. La tormenta se anunciaba con disparos de cañón que hacían eco en el desfiladero. A duras penas conseguían calmar a sus monturas con un gesto tosco en el cuello de las bestias.
—¡No está lejos la cueva! ¡Ánimo!
El cabecilla era el único con voz capaz de hacerse oír por encima del infierno que se cernía. Sin embargo, aunque cabalgaban en fila india a paso lento con el despeñadero, más de un caballo hizo amago de tropezar, y eso les obligaba a frenar una y otra vez la marcha.
El aguacero les sorprendió a mitad de su destino, y el barro añadió otro elemento peligroso. Blasfemaron hasta quedarse sin fuerzas y entonces alguno se persignó, musitando el nombre de la mujer o de la novia. Solo el cabecilla permanecía en silencio, oteando cada risco en busca de la entrada del refugio. Llegaron al fin y se tumbaron en el suelo de la cueva.
Estaban empapados, hambrientos y doloridos. Llevaban tres días huyendo del ejército. Mesnier les había hablado de un paso seguro a través de las montañas, y lo habían seguido, aprovechando la tormenta. Nadie se abocaría a perseguirles con aquel temporal.
Mesnier, o el gabacho, como le apodaban sus compañeros, contempló a aquellos jóvenes. El mayor no alcanzaría los veinticinco años. Él casi había cumplido cuarenta. Era la segunda guerra que vivía y aún no sabía que llegaría a participar en otra más, aunque por motivos pacifistas.
Años más tarde, cuando ya había conducido por los Pirineos a muchos grupos de personas para que prosiguiesen la lucha de otro modo (ya no de modo incruento, sino con las palabras), recordaría vívidamente el paso de aquella primera vez: «todo aquel esfuerzo y eran solo tres».

Sobrevolando (relato semana del sábado 20 de agosto al viernes 26 de agosto)

Reto: una historia que contenga estas tres palabras: CHICO-ABROCHAR-LADRIDO.

SOBREVOLANDO





—Abrochése el cinturón, caballero. —Él abrió los ojos y vio a la azafata tocándole en el hombro. Se había quedado profundamente dormido en el lapso de unos minutos. Su compañero de la izquierda le ayudó a hacer lo que le indicaban y volvió a recostarse.

—Debe estar muy cansado —comentó la señora que viajaba sentada a su derecha, junto a la ventanilla—. Llevan un rato insistiéndole.

Él volvió a abrir los ojos y la observó. Sabía que, últimamente, sus miradas solían poner nerviosa a la gente y en esta ocasión no quedó decepcionado. La metomentodo volvió la cabeza hacia la ventanilla y cesó su parloteo.

Lo malo era que se le había esfumado el sueño y, aunque parpadeó varias veces, no logró volver a convocarlo. Hacía meses que no descansaba una noche seguida, desde lo del chico. Pese a que le explicaran lo normal del fenómeno, la cuestión era que ya no había vuelto a lograrlo. Si no dormía, no hacía borrado de memoria. Y si no olvidaba, no superaría jamás la muerte de su hijo.

Fue en el mes de agosto, en el apogeo del verano. Nico tenía tres años recién cumplidos. Habían preparado una fiesta con el resto de niños de la urbanización: globos, un payaso, piscina hinchable… De repente, el perro de ellos les volvió locos con sus ladridos y, sin previo aviso, atacó al pequeño. Le mordió la cabeza y costó la fuerza de dos adultos abrirle la mandíbula para sacar al pobre niño. Falleció dos días después a causa de las heridas. Dijeron que el perro se había puesto celoso a causa de la atención que ese día en especial había generado otro miembro de la familia.

Él no lo dudó en aquellos momentos. Fue a por la pistola que guardaba en el altillo del armario y, delante de todos los invitados, sacrificó a su mascota. Alguien —nunca supo quién— le denunció.

A su izquierda, contempla al policía que le custodia en su traslado a la cárcel, y que echa una cabezadita, confiado en las esposas que él lleva. Quizá, si consiguiera recordar la risa de su hijo, todo sería diferente; daría igual dormir en su casa vacía o en la prisión. Porque ya lo dijo el poeta:

Tu risa me hace libre
me pone alas.
Soledades me quita
cárcel me arranca.


Los hivernios (relato semana del sábado 30 de abril al viernes 6 de mayo)

Reto: relato género infantil en dos folios inspirado en una obra de Hans Cristian Andersen



Los hivernios
(Inspirado en el título «La reina de las nieves»)

Hace muchos siglos, cuando Laponia era un reino, hubo un monarca que se desposó con una princesa del sur. La nueva soberana se mostraba muy feliz porque adoraba el invierno, y allí era más largo que en su tierra natal. Por eso formuló su deseo infantil de que aquella estación no finalizase nunca. El Espíritu del Invierno, feliz con los halagos de aquella soberana, decidió ofrecer a la real pareja un peculiar regalo de bodas, y les envió a tres de sus más fieles colaboradores, los hivernios.

Los tres magos poseían poderes y nombres que se correspondían con su misión. Se llamaban Lluvia de Nieve, Soplo de Frío y Esquirla de Hielo, y manejaban esos tres elementos a voluntad. Los hivernios no tardaron en conseguir que el invierno se instalase en Laponia de modo perpetuo.

Al principio los súbditos lapones no lamentaron aquel cambio. Las fiestas y celebraciones navideñas se prolongaron hasta marzo, y hubo nevadas, ventiscas y heladas suficientes como para patinar en los lagos en pleno agosto. Pero al comenzar el segundo año, la situación se hizo intolerable. No se podían plantar cosechas, los árboles no daban fruto, y había que talar tantos troncos para mantener encendidas las chimeneas que los bosques comenzaron a peligrar.

Los reyes lapones, protegidos en su palacio, no se daban cuenta de aquellos inconvenientes y seguían alentando la magia de los hivernios. En el exterior crecía el descontento y pronto se murmuró contra los soberanos.

Fue una joven llamada Naska la que propuso una solución: había que secuestrar a aquellas criaturas, y para entrar en palacio fingirían ser la delegación de un reino inventado. Solicitarían a los monarcas lapones la ayuda de los hivernios para construir allí un Palacio de Hielo. Una vez que tuvieran en su poder a aquellos magos les conducirían hasta la isla y les abandonarían allí.

Con paciencia, fueron haciendo los preparativos durante semanas para la farsa. La fingida delegación llegó por fin una mañana hasta las puertas del palacio de los reyes de Laponia. Naska fue presentada como la princesa de la Isla de Aine, y los monarcas la recibieron en audiencia, avergonzados de no conocer aquel lugar del que procedía tan lujosa delegación. La princesa hizo su petición a la pareja real y los soberanos se mostraron encantados de poder estrechar lazos de aquel modo, cediéndoles durante un tiempo a aquellos magos.

Todo iba saliendo según lo planeado, pero cuando ya se encontraban con los hivernios  a media jornada de su destino, estos comenzaron a recelar una trampa. Temerosos de su magia, Naska y sus compañeros les confesaron la verdad. La reacción de los hivernios, después del enojo inicial, fue más amigable de lo que esperaban. Ellos estaban hartos de provocar ventiscas y nevadas para los reyes de Laponia, y les pareció una buena oportunidad comenzar una nueva vida en aquella isla, donde podrían usar sus poderes de forma artística.

Así que los hivernios se establecieron en la isla de Aine y cubrieron pronto de nieve y hielo aquel lugar. Pero también llevaron a cabo muchas otras maravillas que aún hoy se visitan, como el Palacio de Hielo. Naska y otros más se exiliaron allí, eludiendo el enfado de los reyes lapones. Esquirla de Hielo se casó con Naska y fueron los primeros reyes de la Tierra del Hielo, que es como se ha conocido desde entonces a la isla de Aine: Iceland, o Islandia en nuestra adaptación lingüística.

Y Laponia volvió a tener sus largos inviernos, aunque nunca más eternos.

Amor de calibre (relato semana del sábado 23 de abril al viernes 29 de abril)

Reto: Una historia que contenga las palabras: CALIBRE-ELEGIR-TEXTO.

Amor de calibre (*)

Ella se enamoró por la exactitud milimétrica que él ejercía al corregir sus textos; los párrafos no guardaban la debida longitud, le decía, o bien el relato carecía de profundidad, o las palabras se espesaban y entorpecían el ritmo. Él, por su parte, se enamoró de ella por la forma en que le brillaban los ojos ante cada revisión.

El día en que ella escribió el relato perfecto, ambos alzaron la mirada ante el folio sin mácula, y se vieron por primera vez. Ahí finalizó su amor.

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(*) Un calibre —además de significar «importancia o clase», entre otras acepciones— es un instrumento de medición de longitudes, como diámetros, espesores y profundidades.

El anónimo (relato semana del viernes 16 de abril al sábado 22 de abril)

Reto: Una historia narrada en segunda persona.

EL ANÓNIMO


Una mañana de sábado recibes un anónimo. En realidad, tampoco sabes con certeza que pueda estar dirigido a ti (habla de una mujer que no conoces, de una ciudad que no has visitado, de una tarde de abril que no recuerdas), pero lo han dejado en tu buzón. El sobre del anónimo no tiene remitente ni destinatario. Dentro hay una octavilla donde han formado el mensaje con palabras recortadas de una revista. Son solo cinco líneas. Memorizas las frases. Intentas buscar posibles anagramas. Lo pones sobre el cristal de la ventana y te imaginas como un inspector de policía, quizá Colombo. Decides ir al quiosco a comprar unas revistas para comparar las letras, y dedicas el resto del día a esa tarea.

Cuando llega la noche, tomas una resolución. Sales de la casa con el sobre en la mano. Te diriges a los buzones comunes y lees los nombres de los vecinos. El del quinto izquierda es un viudo jubilado como tú. Y metes dentro el anónimo sin una sombra de remordimiento. Ahora ya puedes ir a acostarte.

Calvos, S.A. (relato semana del viernes 9 de abril al sábado 15 de abril)

Reto: Una historia donde aparezca algún elemento de ciencia ficción.

Calvos, S.A.



El diagnóstico es unánime; después de visitar siete especialistas, coinciden en afirmar que tu pelo se mantendrá firmemente arraigado a tu cuero cabelludo. No conocerás la palabra alopecia, ni calvicie. Nadie podrá ver relumbrar tu cabeza pelada. Quizás algunas entradas, te dicen unos, palmeándote los hombros. Puede que se inicie un proceso de decalvación en algunas zonas, indican los más optimistas, para a continuación contener su entusiasmo y susurrarte: «ningún calvatrueno, por supuesto, eso no lo espere, tiene usted un pelo demasiado grueso y fuerte».
Sí, es terrible, coinciden todos cuando te desahogas acerca de tus expectativas de futuro. En efecto, piensas, ellos saben que no tienes cabida en la sociedad de mediados del siglo XXI, monopolizada por la empresa Calvos S.A. En un mundo donde el estrés y la ansiedad convierte en pelones a los niños de siete años, eres un paria.
Tienes treinta años y sigues con pelo. Estás harto de usar la rasuradora para ocultar «tu diferencia». Sabes que debes hacer algo tan límite como la muerte: mañana, sin falta, buscarás a los otros que son como tú y emprenderás la Resistencia.

Los comienzos nunca fueron fáciles (relato semana del viernes 2 de abril al sábado 8 de abril)

Reto: Una historia que suceda en un jardín de infancia.

LOS COMIENZOS NUNCA FUERON FÁCILES


—Es la tercera cuidadora en un mes.
—Los niños vuelven llorando un día sí, y otro también.
—Mi bebé es alérgico a la leche de mamut.
—No deberíais dejarles jugar con hojas de sílex. ¿Quién les tiene que curar luego, eh?
Las quejas iban subiendo de tono hasta que Momma estalló. No había tenido hijos con su pareja, y le había parecido un buen modo de emplear el tiempo y obtener pieles. Pero aguantar gritos era otra cosa.
Echó a todos de su cueva y les devolvió sus pagos. Ya volverían a rogarle. Era una ocupación demasiado novedosa, y nadie dijo que los comienzos fueran fáciles.